Una semana sin redes sociales

El 15 de enero dejé de usar Twitter, Facebook y Google+: durante una semana no retuiteé ni le di Me gusta o +1 a absolutamente nada ni nadie; desinstalé las aplicaciones sociales de mi teléfono Android, y los plugins para tuitear y recibir notificaciones en el navegador. Pero me costó deshacerme de los hábitos creados: de leer todo el tiempo sobre qué está hablando Internet o mis conocidos; de responder tuits y comentarios, republicarlos, retuitearlos; de comentar qué estoy haciendo o compartir links interesantes en Twitter.

El experimento duró solo una semana, porque —me da un poco de vergüenza admitirlo— me costó mantenerme firme. Y no solo eso, sino que además no pude cumplirlo correctamente, ya que a pesar de no participar en las redes, seguí usándolas para leer las publicaciones de los demás: no pude evitar entrar de vez en cuando a Twitter y ver qué había de nuevo, o a Facebook para chusmear sobre qué hablaban mis amigos y conocidos. Fui por lo tanto un usuario pasivo; consumí contenidos, pero no generé ninguno.

Eso fue lo primero que noté: que soy adicto a los flujos de datos. Hay algo en las publicaciones breves e instantáneas que hace que mi cerebro libere endorfinas al leerlas, sobre todo en Twitter y Google+. También me di cuenta de que encuentro más interesante la red del pajarito, pero que en Facebook puedo interactuar con gente que conozco mejor. Siempre preferí la primera sobre la segunda, ¿pero a cuál creen que extrañé más luego de una semana de desconexión?

Lo que no extrañé en ningún momento es la falta de notificaciones, lo cual me pareció un motivo para alegrarme. Conozco gente que no puede dejar de recibir avisos cuando alguien habló sobre ellos en Facebook, los etiquetó, o les dio Me gusta en su última publicación. Están todo el tiempo pendientes de su estatus desde sus celulares, iPods, u otros dispositivos móviles. Es que parece que las redes sociales trajeron este nuevo tipo de angustia en el que las bajas cifras de Me gusta, ‘Solicitudes de amistad’ y retuits, atacan directamente sobre el ego y autoestima de los usuarios.

Pero sin dudas lo más molesto fue llevar el cursor del mouse a la esquina del navegador para clickear en el botón de Twitter, y encontrarme con que el botón ya no estába allí. Y entonces recordar que lo había desinstalado al comenzar el experimento, y peor aún, darme cuenta de que acciones como esa las realizaba automáticamente, sin pensarlo.

En definitiva, fue un experimento a medias, del que no debo haber aprendido más que a controlar un poco esos hábitos que nos generan las redes sociales, las mismas que nos socializan y segregan a la vez, que nos entretienen y vuelven menos productivos, a las que entramos a la fuerza y ya nunca abandonamos, o bien, abandonamos molestos.

Logros personales durante 2011

Es un hecho: estudiar y trabajar, cuesta. Este año se me hizo difícil, pero aquí están mis logros personales:

No es que no haya tenido sus cosas malas, pero en resumen, fue un buen año.

Una profundidad vertiginosa, pero invisible — Jean-Baptiste Queru

Ni siquiera recuerdo cómo me topé con este artículo de Jean-Baptiste Queru, pero me pareció muy bueno por la simpleza con que está escrito y por las reflexiones sobre Steve Jobs y Dennis Ritchie. Además, es un lindo artículo para hacer pensar al “usuario común” sobre la complejidad que hay en cada acción que se lleva a cabo en su computadora: desde abrir un sitio web, hasta presionar una tecla.

Como otras veces: lo vi, me gustó y decidí traducirlo al castellano. Jean fue muy amable en darme permiso (1, 2), así que me gustaría que si ven algún error de traducción, me lo hagan saber para que lo corrija. Sin más preámbulos, se los dejo:

Una profundidad vertiginosa, pero invisible

Acabas de entrar en la página principal de Google.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los navegadores, no es tan sencillo como parece. Has puesto en acción HTTP, HTML, CSS, ECMAscript, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de conectar tu computadora a www.google.com.ar.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan las redes, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción DNS, TCP, UDP, IP, Wi-Fi, Ethernet, DOCSIS, OC, SONET, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de tipear www.google.com.ar en la barra de direcciones de tu navegador.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los sistemas operativos, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción un kernel, un controlador de puertos USB, un distribuidor de entrada, un controlador de eventos, un suavizador de tipografías, un entramador de píxeles, un sistema de ventanas, un controlador de gráficos, y más, todo escrito en lenguajes de alto nivel que son procesados por compiladores, enlazadores, optimizadores, intérpretes, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de presionar una tecla de tu teclado.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los dispositivos de entrada, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción un regulador de energía, un debouncer, una entrada de multiplexor, un stack de USB, un hub de stacks USB. Todo implementado en un mismo chip. Este chip está construido sobre láminas muy delgadas de silicio monocristalino altamente purificado, dopado con cantidades diminutas de otros átomos que son añadidos a la estructura de cristal, interconectados con múltiples capas de aluminio o cobre, que son depositadas de acuerdo a ciertos patrones de luz ultravielota de alta energía, que son enfocados con una precisión de una fracción de micrón, conectados al mundo exterior a través de delgados cables de oro, todo dentro de un empaquetado hecho con una resina dimensional y térmicamente estable. Los patrones de dopaje e interconexión implementan transistores, los cuales son agrupados para crear puertas lógicas. En algunas partes del chip, las puertas lógicas son combinadas para crear funciones aritméticas y a nivel de bits, que a su vez son combinadas para crear unidades aritmético lógicas (ALU). En otra parte del chip, las puertas lógicas son combinadas para crear bucles biestables, que se alinean en filas, las cuales son combinadas con los selectores para crear un registro en blanco. En otra parte del chip, las puertas lógicas son combinadas en controladores de bus y decodificadores de instrucciones y microcódigo para crear un programador de ejecución. En otra parte del chip, son combinados en multiplexores de direcciones y datos, y circuitos temporales para crear controladores de memoria. Aún hay más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

¿Podemos seguir simplificando?

De hecho, muy tenebrosamente, no, no podemos. Apenas podemos comprender la complejidad de un chip de un teclado, y aún así no hay un nivel más simple. El siguiente paso nos llevaría al software usado para diseñar la lógica de los chips, el cual en sí mismo tiene un nivel de complejidad que nos haría volver al comienzo del bucle.

Las computadoras de hoy son tan complejas que solo pueden ser diseñadas y fabricadas usando computadoras apenas un poco menos complejas. A su vez las mismas computadoras usadas para diseño y fabricación son tan complejas que ellas mismas deben ser diseñadas y fabricadas por computadoras apenas un poco menos complejas. Deberíamos retroceder por muchos bucles hasta llegar a un nivel en el que se construyan desde cero.

Una vez que comienzas a comprender cómo funcionan y son creados nuestros dispositivos modernos, es imposible no marearse en la profundidad de todo lo que entra en juego, y no sorprenderse por el solo hecho de que funcionen, cuando la ley de Murphy dice que esto simplemente no debería ser posible.

Para quienes no son “tecnológicos”, todo esto es una caja negra. Eso es un gran éxito de la tecnología: todas estas capas de complejidad están completamente ocultas y la gente puede usarlas sin siquiera saber que existen. Esa es la razón por la que mucha gente puede encontrar tan frustrante usar una computadora: hay tantas cosas que pueden salir mal que algunas de ellas inevitablemente lo harán, pero la complejidad es tan profunda que es imposible para la mayoría de los usuarios hacer algo al respecto.

Por eso es tan difícil para los tecnológicos y no tecnológicos comunicarse: los tecnológicos saben mucho sobre muchas capas y los no tecnológicos saben muy poco sobre muy pocas capas, y se dificulta establecer una comunicación directa y efectiva. La brecha es tan grande que ya ni siquiera es posible que una persona medie entre los dos grupos, y es por eso que, por ejemplo, existen esos centros de soporte técnico telefónico tan complicados y sus distintos niveles. Sin estas grandes estructuras de soporte técnico, terminas en la frustrante situación que vemos cuando los usuarios finales tienen acceso a una base de datos de errores que es usada directamente por ingenieros: ni unos ni otros obtienen la información que necesitan para cumplir su objetivo.

Es por eso que la prensa masiva y la población general ha hablado tanto sobre la muerte de Steve Jobs y relativamente tan poco sobre la muerte de Dennis Ritchie: la influencia de Steve está en una capa que la mayoría de la gente puede ver, mientras que la de Dennis es mucho más profunda. Por un lado, puedo imaginar dónde estaría el mundo de la informática sin el trabajo que realizó Steve Jobs ni la gente que inspiró: probablemente sería un poco menos brillante, un poco más beige y cuadrado. A grandes rasgos, sin embargo, nuestros dispositivos todavía funcionarían del mismo modo y harían las mismas cosas. Por otro lado, literalmente no puedo imaginar dónde estaría el mundo de la informática sin el trabajo que realizó Ritchie ni la gente a la que inspiró. A mediados de los 80, la influencia de Ritchie ya se había hecho dominante, e incluso en ese entonces muy poco quedaba de la era pre-Ritchie.

Por último, pero no menos importante, es por eso que nuestro sistema de patentes está quebrado: la tecnología ha hecho un trabajo tan sorprendente en esconder su complejidad, que la gente que regula y administra el sistema de patentes está apenas consciente de la complejidad de lo que está regulando y administrando. Este es el problema fundamental: tal como las discusiones proverbiales en los senados sobre una planta nuclear terminan siendo acerca del color con que deberían pintarla, las discusiones sobre patentes de sistemas modernos de computación terminan siendo sobre el tamaño de las pantallas y el orden de los iconos, porque en ambos casos esos son los únicos aspectos que la gente involucrada en la discusión es capaz de discutir, aunque sean irrelevantes para la verdadera función del sistema en cuestión.

Enlace: Artículo original

Jean-Baptiste Queru es un ingeniero que trabaja en Google, en el proyecto Android Open-Source. Pueden revisar sus perfiles de Twitter, LinkedIn y Google+.

Cuevana, ¿es pirata?

Esto dijo Eduardo Arcos sobre Cuevana:

Cuevana es una web de un chico que decidió hacer stream de películas y series de televisión en un solo sitio usando a YouTube, Dailymotion Megaupload, BitShare, o Filefactory como fuente, capitalizando, por medio de publicidad, todo el tráfico de millones de personas con ganas de ver series y películas. Da igual de dónde sale el contenido, da igual cuál es la fuente del video, si haces dinero con el trabajo de otras personas, eres un pirata.

Esto dijo Mariano Amartino (aunque no específicamente sobre Cuevana):

Si sos una comunidad basada en el contenido de terceros pero querés que todos se registren para vos armar un negocio sobre este contenido de terceros, si para consumir ese contenido de terceros tengo que estar registrado y usando tu site para ver la publicidad que vos ponés … no sos un guerrero de la cultura sino un tipo que encontró un recoveco legal para ganar plata y no mucho más, lo cual no está ni bien ni mal, pero es deshonesto intelectualmente que te vendas como algo que no sos.

El debate está servido.

Las marcas en negrita son mías.

Hola, Editorial Orsai

Pueden leer el post de Hernán Casciari sobre su proyecto de editorial, o pueden seguir leyendo este post: voy a tratar de explicarlo debajo (pero sería mejor que lean su post).

Es difícil seguirle el ritmo a lo que va sucediendo con Orsai, así que vamos a recapitular hasta llegar a la parte nueva de la historia:

Recapitulemos:

Ya sabemos qué es Orsai: una revista literaria que se distribuye sin nadie en el medio, ideada por Hernán Casciari y su amigo, el Chiri. Y que se puede descargar gratuitamente en formato PDF, o comprar en formato para Kindle, iPad, etc.

También sabemos que a partir de su tercer número Orsai empezó a funcionar como una editorial, y que ya cuenta con dos libros publicados: Cuadernos secretos de Horacio Altuna y Charlas con mi hemisferio derecho, del mismo Hernán Casciari.

Y por último, sabemos también que Orsai abrió un bar en Buenos Aires, y que próximamente van a abrir dos más en otros rincones del mundo.

El proyecto creció de una forma rara, y la gente lo tomó como propio. Todo esto nos dice que la comunidad Orsai, que surgió a partir del blog de Hernán, no es como otras comunidades, y eso se notó desde un principio.

Pero no te quedes con mis palabras, que muy difícilmente van a hacerte entender cómo son las cosas. Mejor escuchá la historia, contada mucho más emotivamente, en la charla que dio Hernán en TEDx Río de la Plata.

Ahora sí, la novedad:

Ayer Hernán anunció la llegada del sitio web de la editorial: EditorialOrsai.com. Pero también explicó cómo va a funcionar, y el papel importante —importantísimo— que vamos a tener los lectores y distribuidores de la revista.

Vamos por partes: la revista pasa a ser bimestral (salen 6 por año en lugar de 4), y es necesario pagar la subscripción por adelantado.

Tanto los lectores como los distribuidores deben registrarse en el sitio web seleccionando qué papel van a cumplir en la comunidad (subscriptores o distribuidores). Los subscriptores pueden ser de dos tipos: “nómadas” o “sedentarios”:

  • Subscriptores nómadas: eligen a qué distribuidor “pequeño” quieren comprarle la subscripción y la pagan como quieren: mediante transferencia, PayPal o personalmente.
  • Subscriptores sedentarios: eligen a qué distribuidor quieren comprarle la subscripción, pero les cuesta un poco más caro porque tienen que pagar el costo del envío. La ventaja es que no tienen que moverse de su casa para recibir la revista.

Si ya le comprabas la revista a un distribuidor pequeño, deberías elegir ser subscriptor nómada. Allí seguramente encontrarás a tu distribuidor. Si no aparece, deberías esperar —o avisarle— que se registre como distribuidor “amateur”.

Mi Carnet Orsai, que va a tener varios usos en el futuro

La novedad novedad

Lo más interesante sin dudas, es el sistema que propone Hernán para seleccionar cuáles libros va a vender la editorial y cuáles no. No va a haber un departamento que se dedique a recibir bocetos y evaluarlos, sino que seríamos los lectores —registrados en el sitio web, como expliqué arriba— quienes actuemos como una especie de jurado, que opina, debate y decide.

En palabras de Hernán:

Imagínense, en este escenario, al autor de una novela. O de un libro de fotografía. O de un volumen de cuentos. O de un libro de divulgación. Lo que sea. El tipo entra a la web de esta editorial hipotética y redacta la contratapa de su libro. Es decir, cuenta el resumen de la historia, dice por qué hay que leerla, etcétera. [...]

Entonces ocurre algo fabuloso: los miles y miles de lectores de la editorial se convierten en «masa ilustrada» y ocupan el lugar vacante del antiguo empleado que leía originales. Los lectores debaten los pro y los contra de esa contratapa y, si hay consenso, si la historia los atrapa, le dan puntos. Digamos, quinientos puntos. Es decir, hay quinientos lectores interesados en ese resumen.

[...] aparecen las primeras quince páginas del libro a la vista de la «masa ilustrada» [...] Esas quince primeras páginas tienen que ser alucinantes en serio, porque son los lectores, y no un intermediario, quienes miden la potencia de la historia.

Si el libro llega a tener cierta cantidad de compradores, llegaría junto con la subscripción a la revista que los lectores ya pagaron. Y la explicación sigue, pero díganme si no es una idea hermosa y genial.

Lo importante ahora es que la Editorial Orsai necesita que todos sus lectores y distribuidores se virtualicen, se hagan parte de la comunidad mediante el sitio web. En este momento hay 209, y faltan 4791. Cuando se llegue a los 5000 comienza todo. ¿Qué esperás?

Hablando sobre Cuevana en Global Voices

Este es un post que escribí para Global Voices. Es la primera vez que publico en una web que no sea mía :) Hablé sobre la situación de Cuevana con respecto a las demandas y el bloqueo que ordenó la Justicia Argentina. Se puede leer en Global Voices, o aquí mismo, a continuación:

Argentina: La Justicia ordenó el bloqueo del portal de series y películas Cuevana.tv

Pocos sitios web argentinos han logrado tanto éxito y repercusión como Cuevana. Un proyecto que comenzó como un hobby entre un grupo de amigos terminó por convertirse en uno de los sitios web más visitados en toda America Latina, región de la que proviene el 90% de su tráfico. Cuevana ofrece un catálogo de series y películas para ver en línea, de una manera sencilla y sin necesidad de descargar archivos. También permite seleccionar distintas pistas de subtítulos y audio, si se encuentran disponibles.

El sanjuanino Tomas Escobar, de 22 años, es uno de los tres jóvenes que idearon Cuevana, y actualmente el único dueño del sitio web. Un mes atrás en una entrevista con el portal ALT1040, explicaba que su proyecto “no quiere ir en contra de la industria del cine”:

Cuevana no comete ninguna actividad que la ley especifique como ilícita. [...] queremos llegar a un acuerdo con las productoras, distribuidoras y dueños de contenido para generar un nuevo modelo de negocios que beneficie a todas las partes, incluyendo el usuario. Por eso estamos en conversaciones para armar esto. Estamos trabajando para llegar a acuerdos con la industria, no queremos en ir contra de la misma.

Hoy Cuevana se ubica en el puesto número 23 de los sitios web más visitados de Argentina, según el ranking de Alexa. Pero la gran popularidad que el portal ha ido obteniendo también significó que se presenten, en este último tiempo, las primeras demandas por parte de los grupos dueños de los derechos de autor de los contenidos que se reproducen en Cuevana: Turner Argentina y HBO.

Como informó el diario argentino La Nación, el 29 de noviembre de 2011, la Justicia Argentina ordenó que “procedan a bloquear el acceso de cualquier usuario de Internet al portal Cuevana para las series Falling Skies, BRIC y 26 personas para salvar al mundo“.

Hacía un tiempo atrás, el jueves 17 de noviembre, Cuevana había sido advertido también por parte de Telefé, un canal tradicional de televisión argentina, que iba a ser demandado por violar derechos de autor. Sin embargo, unos días después, el vocero de Telefé explicó en una entrevista a La Nación:

Telefé no tiene una cruzada contra Cuevana, y no hay ninguna demanda presentada. Sí se está debatiendo en el seno de su directorio y dentro de las asociaciones de productoras y distribuidoras la actitud por seguir con este tipo de ilegalidades.

Telefé dio marcha atrás y decidió no demandar al portal argentino, pero este no parece ser el caso de HBO y Turner Argentina, dueño del canal I-Sat.

Telecentro fue el primer proveedor de Internet (ISP), y hasta ahora el único, en bloquear el portal como la Justicia Argentina lo ordenó. No obstante luego de unas horas y muchos tuits de los usuarios, el bloqueo finalmente se levantó. Como comunicó el portal en su cuenta de Twitter:

Parecería que Telecentro escuchó a los usuarios y dio marcha atrás al bloqueo a Cuevana.

Ante cada una de estas noticias, los usuarios se han ido manifestando en las redes sociales publicando mensajes de apoyo al portal con hashtags como #CensuranACuevana y #FuerzaCuevana. De todos modos, hay quienes no simpatizan con el sitio web. El usuario Yamil Salinas (@yamilsalinas) publicó (12) en Twitter:

Sinceramente, no entiendo todo el hype sobre Cuevana. Me parece completamente overrated y además, señores, CENSURA es otra cosa. Get a life.

¿Creaste nuevo algoritmo d compresión de video? No. ¿Das empleo? No. ¿Lucrás con contenido de otros? Sí. Y encima te llaman “innovador” :O

Mientras tanto, en el blog Derecho a Leer, se ha publicado una infografía en la que se explica porqué Cuevana no infringe ninguna ley:

[...] las películas y series que aparecen en Cuevana, están alojadas en otros sitios de descarga directa, pero no en sus propios servidores. Cuevana es sólo un catálogo de referencias y valor agregado (comentarios, críticas, puntuación). Que todo se vea en una misma pantalla junto con la película, no implica un punto de emisión común.

Eduardo Arcos, el fundador de la red de blogs Hipertextual, había publicado antes de la demanda de Turner Argentina y HBO una crítica a Cuevana, enfocándose principalmente en el modo en que el sitio web genera ingresos económicos:

Cuevana es una web de un chico que decidió hacer stream de películas y series de televisión en un solo sitio usando a YouTube, Dailymotion Megaupload, BitShare, o Filefactory como fuente, capitalizando, por medio de publicidad, todo el tráfico de millones de personas con ganas de ver series y películas. Da igual de dónde sale el contenido, da igual cuál es la fuente del video, si haces dinero con el trabajo de otras personas, eres un pirata.

Finalmente, el domingo pasado, Ventana Sur llevó a cabo un debate sobre “las nuevas fronteras legales ante la libre circulación de la información” en el que participaron Julio Raffo, en defensa de los sitios web Cuevana y Taringa, y Rosario Millé, en representación de la cadena Turner. El debate estuvo moderado por Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre:

Como explica el Partido Pirata Argentino a partir del video anterior:

La iniciativa [de Raffo] se puede explicar brevemente: la idea es promover una reforma a la Ley de Derechos de Autor en la que se reconozca el derecho de libre acceso a obras culturales a través de Internet para usos no lucrativos. Todo ello, por supuesto, motivado a raíz de las denuncias en contra de los sitios Taringa y Cuevana.

De momento, Cuevana sigue funcionando correctamente y no parece estar bloqueado por ningún ISP argentino. La red, por otro lado, se encuentra dividida entre quienes apoyan a Cuevana y a su creador, Matias Escobar, alegando que la actividad del portal no es ni debería ser considerada ilegal, y por otro lado quienes siguen reclamando una alternativa paga, que sea 100% legal, pero que ofrezca un catálogo decente para poder consumir contenidos culturales en Internet.

Cuevana y el bloqueo

Hay dos posturas bien marcadas sobre Cuevana y el bloqueo que ordenó la justicia argentina, pero no estoy del todo de acuerdo con ninguna de las dos.

Derecho a leer publicó una infografía en la que explican —de un modo sencillo— porqué Cuevana no infringe la ley. Básicamente, dicen que el sitio web no aloja los contenidos ilegales, sino que solo provee un link, lo cual no es ningún delito. Que el reproductor esté embebido dentro de Cuevana es solo un detalle, es como publicar un video de YouTube en Facebook.

Hasta ahí todo bien… o más o menos:

Querer defender a Cuevana con una explicación técnica no es muy convincente. Lo cierto es que el sitio web facilita el acceso a contenidos ilegales. Deal with it.

He leído que en algunos sitios, defendiendo a Cuevana, dicen algo como lo siguiente: ”Si yo te doy una dirección a donde ir para comprar una pistola, no voy a estar cometiendo ningún delito. Si la compras o no es cosa tuya”. Pero Cuevana hace algo más complejo que simplemente darte una dirección: Cuevana tiene plugins desarrollados para los distintos navegadores, y lucra con publicidad en su sitio. Más que decirte dónde comprar una pistola te ofrecen todo un catálogo de vendedores de armas, te organizan la reunión con el vendedor, te hacen ponerte cómodo, y ya que estás ahí, te venden algunas cosas que te puedan parecer interesantes. Eso es lo que va a ver el juez.

Y no digo que deban condenar a Cuevana. Por empezar, eso sería incorrecto porque como dije, técnicamente Cuevana no comete ningún delito. Pero además, porque tampoco me parece la manera correcta de “combatir” un sitio web de este tipo.

En lugar de demandar a programadores que hacen cosas por pasión (y porqué no, dinero), las empresas deberían enfocarse en crear buenas alternativas para consumir contenidos en Internet. Cuevana no es ni más ni menos que el producto de la insatisfacción del cliente. De la incapacidad de tantas empresas de adaptarse a los tiempos que corren. Parece mentira que con todos los avances que ha habido, en Argentina haya una sola empresa que se anime a hacer algo así: Netflix. Los usuarios se quejan de que el servicio no es de lo mejor, pero hey, al menos se dio un paso en la dirección correcta.

Yo uso torrents para descargar películas o series. Así que si vamos al caso, estoy tan “manchado” como cualquiera que use Cuevana. Pero si tuviése una alternativa paga, que ofrezca un buen catálogo de contenidos, a un precio razonable, estaría totalmente dispuesto a pagar por ella. Creo que todos lo estaríamos. A nadie le gusta renegar con links caídos, videos de mala calidad o películas grabadas en el cine.

Mientras no haya buenas ofertas, seguirán existiendo sitios como Cuevana, trackers de torrents, etc. Y si los bloquean, aparecerán de alguna otra forma. Es inevitable. Que empiecen a cerrar sitios web o bloquearlos solo demuestra cómo la justicia se subordina a los deseos de grupos lobbystas.

Cuevana, aunque es legal, no es tan inocente como sus defensores lo pintan. Pero el modo de combatirlo tampoco es iniciando bloqueos en Internet. Eso es algo que eventualmente puede terminar fuera de control. ¿Por qué las empresas de contenidos —inmensamente más adineradas que el creador de Cuevana— no pueden crear algo mejor para combatirlo? ¿Por qué eligen demandar a un joven de 22 años? ¿Por qué se resisten al cambio inevitable?

Media pila.

Adelgazarme hasta el Kindle

Me gustó mucho la columna de Pedro Mairal para Perfil: La mudanza analógica. Es un poco una reflexión sobre el papel de los libros (nunca mejor dicho) en las mudanzas, y me interesó porque viene de parte de un escritor. Un fragmento:

A partir de ahora me quiero alivianar, adelgazarme hasta el Kindle, flotar, leer con el cerebro colgado en lo inmaterial y comparar on line libros que pasen como bits fantasmas a través de las paredes, por el aire, a través de las fronteras, por encima de las aduanas morenistas, sin aplastar, sin empujar para abajo, sin curvar estantes, ni marcar la alfombra, ni asfixiar la vida con el peso de la cultura occidental.

Me encantan los libros electrónicos, ¿ya lo dije?

Update 22/11/2011 23:36: Le comenté al Club del eBook via Twitter sobre esta columna, y hoy veo que han publicado un post al respecto, y me agradecen por hacérsela llegar. De nada.

Don’t worry, I’m a translator

No se cómo será en el resto del mundo, pero al menos en Argentina hay solo dos títulos que garantizan el respeto de la sociedad: el de médico y el de ingeniero.

El conocimiento colectivo nos dice que si estás recibido con alguno de estos dos títulos, consecuentemente tu trabajo debe ser más importante que el de la mayoría de la gente, y que probablemente también seas más inteligente que el promedio. Y me parece interesante porque creo que es un poco injusto con quienes estudian otras carreras, que honestamente, pueden llegar a requerir iguales o mayores capacidades.

No digo esto porque quiera algún tipo de reconocimiento, para nada. De hecho, hace unos días escuché a una mujer decirle a un señor ”pase ingeniero, póngase cómodo”, y me sonó terriblemente mal. No me gustaría que me llamen por mi profesión o título. Habiéndome dedicado a la programación y últimamente a estudiar traducción, creo que lo único que lamento no es que nunca nadie me vaya a decir algo del tipo “pase traductor, póngase cómodo”, sino que nunca voy a poder verme como el pajarito de abajo:

Un programador nunca va a poder gritar “¡No se preocupen, se expresiones regulares!”, ni un traductor podrá decir “Don’t worry, I’m a translator”. Ese tipo de clichés queda reservado para los médicos cuando están por salvar una vida en un restaurante :P

Hay que reconocer que el médico debe lidiar con la salud de las personas, y eso no es broma. Un programador puede probar y equivocarse, jugar con su conocimiento. Un traductor en ocasiones tiene rienda suelta sobre cómo hacer su trabajo. Ni hablar de los artistas. En fin, muchas profesiones admiten ciertas libertades que el médico no tiene, ya que, yéndonos a extremos, un error podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente. Pero hecha esta salvedad —que no es pequeña—, no veo porqué se considera importante el trabajo de unos (ingenieros, médicos) y no de otros.

Esto tiene que ver un poco con el hecho de que se suele asociar la inteligencia con las disciplinas de ciencias: inteligente es el que sabe sobre matemática, física, química, etc.

Yo no soy ingeniero, pero estudié y me recibí de Analista de Sistemas, por lo que mucha gente cree que como trabajo con sistemas y programación soy una persona inteligente, pero no lo soy. No es falsa modestia, realmente no lo soy. En cambio, algunas de las personas más inteligentes (según mi juicio) que conocí en mi vida, las conocí en mi paso por la facultad de música, y también ahora que estoy estudiando traducción. También conocí ingenieros y analistas que considero inteligentes, claro.

Tengo un amigo, por ejemplo, que tiene un talento, facilidad y conocimiento musical realmente increíbles: si eso no es inteligencia, no sé lo qué es. Pero mucha gente no sabe que existen los profesionales de la música, ni lo difícil que es llegar a ser técnico en armonía y contrapunto o licenciado en composición. Es terrible. Creen que quienes estudian música solo quieren tener una banda de rock, ser famosos, y hacer chingui-chingui con la guitarra.

En fin. Creo que ya dejé en claro mi punto. Esto lo tipeé porque hace unos meses había leído una entrada en un blog sobre traducción y quería hacer un comentario al respecto. Pueden chusmearla aquí, la recomiendo.

Una noche en el Bar Orsai

El sábado 27 de octubre estuve en el Bar Orsai, junto con Abby. Fue una de las tres noches inaugurales: la anterior había sido de dibujantes y esta era de narradores, así que había bastantes escritores dando vueltas.

Gente en el Bar Orsai

Gente en el Bar Orsai

Era un tema viajar hasta Buenos Aires en medio de estas fechas complicadas, pero quería hacerlo. Uno de los motivos era saludar a Hernán, así que cuando lo vimos más o menos libre nos acercamos y charlamos unos minutos con él. Me gustó conocerlo, porque soy lector de su blog, Orsai, y también he leído algún libro suyo. Además fui a ver Más respeto que soy tu madre, la obra de teatro que Gasalla adaptó de uno de sus libros, y bueno, ni hablar de la revista Orsai, de la que ya he hablado varias veces en este blog. Es decir, me parece un tipo muy admirable.

Abby y yo con Hernán Casciari

Abby y yo con Hernán Casciari

La foto de arriba nos la tomó Pedro Mairal (de paso, acabo de crear su artículo en Wikipedia para poder linkearlo), con quien también tuvimos la oportunidad de charlar unos momentos. Le dije a Mairal que su texto, Un mail, que sale en la Orsai #1, me había parecido el mejor que se haya publicado en todas las Orsai hasta el momento, pero que más allá de eso no sabía qué más había escrito. Se lo dije un poco en broma, pero era cierto. Después, cuando volvimos a nuestra mesa, revisé su biografía y vi que es un monstruo ;)

Sin dudas uno de los mejores momentos lo pasamos también charlando con Ana Prieto, José Playo y Guido Carelli, que publicaron respectivamente los textos Deconstruyendo a HarryPersonajes imaginarios en la Orsai #3 y Celosos digitales en la #4. Resultaron ser gente muy divertida, sobre todo el cordobés Playo, que tipea en Peinate que viene gente, y parece tener la jocosidad en la sangre. Así que sí, nos reímos un buen rato con ellos. También vimos que andaban por ahí Caro Aguirre, Alejandro Seselovsky y Horacio Altuna, y nos acercamos a saludarlos. Y charlamos también sobre traducción con Xtian, que tradujo el cuento de Hornby en la #1 y publicó además en la #4.

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Lo más lindo probablemente haya sido charlar con todos ellos sin sentir que nadie se las daba de nada. Charlábamos de igual a igual, y parecíamos todos amigos. Había mucha gente como nosotros, que fuimos a pasar un buen momento, y era muy lindo ver que todos los que estábamos ahí teníamos en común el sentirnos parte de un proyecto hermoso, que es puramente literatura y buenas intenciones. La verdad es que la pasé mucho mejor de lo que esperaba, así que espero volver a andar por ahí cuando tenga la oportunidad.

Enlaces: Twitter del Bar Orsai | Mis fotosCrónica de José Playo | Crónica de @AbbyFerrari

Update: Hernán Casciari comenta cómo la pasó y da un notición. De paso, también hace un comentario sobre esta y otras crónicas :)

Algunas fotos: