Una profundidad vertiginosa, pero invisible — Jean-Baptiste Queru

Ni siquiera recuerdo cómo me topé con este artículo de Jean-Baptiste Queru, pero me pareció muy bueno por la simpleza con que está escrito y por las reflexiones sobre Steve Jobs y Dennis Ritchie. Además, es un lindo artículo para hacer pensar al “usuario común” sobre la complejidad que hay en cada acción que se lleva a cabo en su computadora: desde abrir un sitio web, hasta presionar una tecla.

Como otras veces: lo vi, me gustó y decidí traducirlo al castellano. Jean fue muy amable en darme permiso (1, 2), así que me gustaría que si ven algún error de traducción, me lo hagan saber para que lo corrija. Sin más preámbulos, se los dejo:

Una profundidad vertiginosa, pero invisible

Acabas de entrar en la página principal de Google.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los navegadores, no es tan sencillo como parece. Has puesto en acción HTTP, HTML, CSS, ECMAscript, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de conectar tu computadora a www.google.com.ar.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan las redes, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción DNS, TCP, UDP, IP, Wi-Fi, Ethernet, DOCSIS, OC, SONET, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de tipear www.google.com.ar en la barra de direcciones de tu navegador.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los sistemas operativos, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción un kernel, un controlador de puertos USB, un distribuidor de entrada, un controlador de eventos, un suavizador de tipografías, un entramador de píxeles, un sistema de ventanas, un controlador de gráficos, y más, todo escrito en lenguajes de alto nivel que son procesados por compiladores, enlazadores, optimizadores, intérpretes, y más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

Vamos a simplificarlo.

Acabas de presionar una tecla de tu teclado.

Sencillo, ¿no?

¿Qué es lo que sucedió realmente?

Bueno, cuando sabes un poco sobre cómo funcionan los dispositivos de entrada, no es tan sencillo como parece. Acabas de poner en acción un regulador de energía, un debouncer, una entrada de multiplexor, un stack de USB, un hub de stacks USB. Todo implementado en un mismo chip. Este chip está construido sobre láminas muy delgadas de silicio monocristalino altamente purificado, dopado con cantidades diminutas de otros átomos que son añadidos a la estructura de cristal, interconectados con múltiples capas de aluminio o cobre, que son depositadas de acuerdo a ciertos patrones de luz ultravielota de alta energía, que son enfocados con una precisión de una fracción de micrón, conectados al mundo exterior a través de delgados cables de oro, todo dentro de un empaquetado hecho con una resina dimensional y térmicamente estable. Los patrones de dopaje e interconexión implementan transistores, los cuales son agrupados para crear puertas lógicas. En algunas partes del chip, las puertas lógicas son combinadas para crear funciones aritméticas y a nivel de bits, que a su vez son combinadas para crear unidades aritmético lógicas (ALU). En otra parte del chip, las puertas lógicas son combinadas para crear bucles biestables, que se alinean en filas, las cuales son combinadas con los selectores para crear un registro en blanco. En otra parte del chip, las puertas lógicas son combinadas en controladores de bus y decodificadores de instrucciones y microcódigo para crear un programador de ejecución. En otra parte del chip, son combinados en multiplexores de direcciones y datos, y circuitos temporales para crear controladores de memoria. Aún hay más. Estas son tecnologías tan increíblemente complejas que harían que cualquier ingeniero se maree si piensa demasiado en ellas, y tal es así que ninguna compañía puede ocuparse de toda su complejidad.

¿Podemos seguir simplificando?

De hecho, muy tenebrosamente, no, no podemos. Apenas podemos comprender la complejidad de un chip de un teclado, y aún así no hay un nivel más simple. El siguiente paso nos llevaría al software usado para diseñar la lógica de los chips, el cual en sí mismo tiene un nivel de complejidad que nos haría volver al comienzo del bucle.

Las computadoras de hoy son tan complejas que solo pueden ser diseñadas y fabricadas usando computadoras apenas un poco menos complejas. A su vez las mismas computadoras usadas para diseño y fabricación son tan complejas que ellas mismas deben ser diseñadas y fabricadas por computadoras apenas un poco menos complejas. Deberíamos retroceder por muchos bucles hasta llegar a un nivel en el que se construyan desde cero.

Una vez que comienzas a comprender cómo funcionan y son creados nuestros dispositivos modernos, es imposible no marearse en la profundidad de todo lo que entra en juego, y no sorprenderse por el solo hecho de que funcionen, cuando la ley de Murphy dice que esto simplemente no debería ser posible.

Para quienes no son “tecnológicos”, todo esto es una caja negra. Eso es un gran éxito de la tecnología: todas estas capas de complejidad están completamente ocultas y la gente puede usarlas sin siquiera saber que existen. Esa es la razón por la que mucha gente puede encontrar tan frustrante usar una computadora: hay tantas cosas que pueden salir mal que algunas de ellas inevitablemente lo harán, pero la complejidad es tan profunda que es imposible para la mayoría de los usuarios hacer algo al respecto.

Por eso es tan difícil para los tecnológicos y no tecnológicos comunicarse: los tecnológicos saben mucho sobre muchas capas y los no tecnológicos saben muy poco sobre muy pocas capas, y se dificulta establecer una comunicación directa y efectiva. La brecha es tan grande que ya ni siquiera es posible que una persona medie entre los dos grupos, y es por eso que, por ejemplo, existen esos centros de soporte técnico telefónico tan complicados y sus distintos niveles. Sin estas grandes estructuras de soporte técnico, terminas en la frustrante situación que vemos cuando los usuarios finales tienen acceso a una base de datos de errores que es usada directamente por ingenieros: ni unos ni otros obtienen la información que necesitan para cumplir su objetivo.

Es por eso que la prensa masiva y la población general ha hablado tanto sobre la muerte de Steve Jobs y relativamente tan poco sobre la muerte de Dennis Ritchie: la influencia de Steve está en una capa que la mayoría de la gente puede ver, mientras que la de Dennis es mucho más profunda. Por un lado, puedo imaginar dónde estaría el mundo de la informática sin el trabajo que realizó Steve Jobs ni la gente que inspiró: probablemente sería un poco menos brillante, un poco más beige y cuadrado. A grandes rasgos, sin embargo, nuestros dispositivos todavía funcionarían del mismo modo y harían las mismas cosas. Por otro lado, literalmente no puedo imaginar dónde estaría el mundo de la informática sin el trabajo que realizó Ritchie ni la gente a la que inspiró. A mediados de los 80, la influencia de Ritchie ya se había hecho dominante, e incluso en ese entonces muy poco quedaba de la era pre-Ritchie.

Por último, pero no menos importante, es por eso que nuestro sistema de patentes está quebrado: la tecnología ha hecho un trabajo tan sorprendente en esconder su complejidad, que la gente que regula y administra el sistema de patentes está apenas consciente de la complejidad de lo que está regulando y administrando. Este es el problema fundamental: tal como las discusiones proverbiales en los senados sobre una planta nuclear terminan siendo acerca del color con que deberían pintarla, las discusiones sobre patentes de sistemas modernos de computación terminan siendo sobre el tamaño de las pantallas y el orden de los iconos, porque en ambos casos esos son los únicos aspectos que la gente involucrada en la discusión es capaz de discutir, aunque sean irrelevantes para la verdadera función del sistema en cuestión.

Enlace: Artículo original

Jean-Baptiste Queru es un ingeniero que trabaja en Google, en el proyecto Android Open-Source. Pueden revisar sus perfiles de Twitter, LinkedIn y Google+.

I think

I think

I believe that I think too much. I think of the things I’ve done, the things I’m doing, and the things I’ll do some day. Sometimes, I think I’m right, and sometimes I think I’m just getting it all wrong. I think about where I’ll go when I die. And sometimes, I think I’m a good person. I think of God, life and time. I think, sometimes, that I’m alone, when I’m not. I think of you, stranger. I also think a lot about her, and how beautiful she is. I think of how far she is from me. I think about the people in my life, and their stories. I think about the decisions I’ve taken. I think my life would be easier If I didn’t think. Sometimes, like tonight, I think that I think too much.

Pienso

Creo que pienso demasiado. Pienso en las cosas que hice, las cosas que estoy haciendo, y las cosas que voy a hacer algún día. A veces, pienso que tengo razón, y otras que estoy completamente equivocado. Pienso a dónde voy a ir cuando muera. Y a veces, pienso que soy una buena persona. Pienso en Dios, la vida y el tiempo. Pienso, a veces, que estoy solo, cuando no lo estoy. Pienso en vos. También pienso mucho en ella, y lo hermosa que es. Pienso en lo lejos que está de mi. Pienso en la gente de mi vida, y sus historias. Pienso en las decisiones que tomé. Pienso que mi vida sería más fácil si no pensara tanto. Algunas veces, como esta noche, pienso que pienso demasiado.

Debería

Debería

Te estás durmiendo, en la oficina, frente a la computadora. Tu día de trabajo se convirtió en un infierno de horas, minutos y segundos interminables. Mantenés tus manos sobre el teclado, fingiendo trabajar, pero la verdad es que ni siquiera sabés qué estás mirando en la pantalla.

Comenzás a cabecear de sueño. —Ahí está mi jefe —pensás. Sería un problema si te viera en este estado. —¡Tengo que despertarme! —pero no podés simplemente hacerlo, y cabeceás nuevamente. Solo pasaron cinco minutos y eso es lo peor de todo. Necesitás que el tiempo pase más rápido si querés sobrevivir esta mañana. —Necesito distraerme —te das cuenta.

Ahora estás saliendo de la oficina. Te dirigís hacia el baño, donde te vas a refrescar un poco, pero en el camino escuchas que alguien te dice algo. Es la recepcionista, y te gusta hablar con ella, así que decidís quedarte ahí. Tenés tanto sueño que todo lo que dice te parece gracioso y entretenido.

Después de algún tiempo volvés a la oficina y te sentás en tu silla. —Debieron pasar al menos dos horas —pensás. Pero miras el reloj en la esquina de la pantalla, y ves que solo fueron treinta minutos. —¡Mierda! Debería haber dormido anoche —admitís—. Debería haber dormido.

Publicado por primera vez en Google+ el 19/10/2011.

I should

You’re falling asleep, in the office, right in front of your computer. Workday has turned into a hell of slow hours, minutes and seconds. You keep your hands on the keyboard, pretending to be doing some work, but the truth is you don’t even know what you’re looking at on the screen.

Your head begins to nod. “There’s my boss,” you think. It would be a real problem if he saw you like this. “I have to awaken myself!” but you can’t just do it, and here comes another nod. It’s been only five minutes and that’s the worst of it all. You need time to be faster than this, or you won’t make it through the rest of the morning. “I need to distract myself,” you realize.

Now you’re walking out of the office. You’re headed to the bathroom, where you’ll freshen yourself up, but on your way you hear someone talks to you. It’s the receptionist, and you kinda like talking to her, so you decide to stay there. You’re so sleepy that you find everything she says funny and amusing.

After some time you get back to the office and sit on your chair. “Those must’ve been at least two hours,” you wish. But you stare at the watch on the lower right of the screen, and it says it was only half an hour. “Damn it! I should’ve slept last night,” you admit. “I should’ve slept.”

Published for the first time on Google+, on 13th October, 2011.

Si fuese lindo

En el Bar Orsai le compré a mi viejo un libro de Hernán Casciari titulado Charlas con mi hemisferio derecho. Cuando se lo llevé miré la solapa de atrás, donde la mayoría de los libros incluyen algo de información sobre otras publicaciones de la editorial, y vi que este tenía una transcripción de un diálogo en el que Hernán afirma que si fuera lindo no se dedicaría a escribir “ni en pedo”. Un poco en serio, un poco en broma, anuncian más abajo que van a publicar un libro titulado Antología hispanoamericana de escritores lindos.

Lógicamente es un diálogo cómico y dudo mucho que haya tenido lugar en la realidad, pero más allá de todo eso, me quedé pensando en el tema de las cosas a las que se dedica la gente linda.

Creo que es cierto: la gente linda no se preocupa por hacer nada. O al menos, muy poca gente linda lo hace. La gente más inteligente que he conocido en mi vida, la más interesante, de la que más he aprendido, o simplemente la que más garra le pone a lograr algo mientras estén vivos, ha resultado ser no del todo atractiva. (Salvo contadas excepciones.) Pero la gente linda, en cambio, parece sentir que tiene todo resuelto. Y quizás, de cierta manera, estén en lo cierto.

Claro que todo esto es así según mi juicio. ¿Quién soy yo para decir quién es inteligente, interesante, lindo, etc? Nadie. La belleza. como todos sabemos, es subjetiva. Quería hacer esta aclaración para evitar que alguien salte a explicármelo, y que en cambio entienda estos párrafos como lo que son: una reflexión nocturna de alguien que tendría que estar durmiendo, y en cambio está pensando en qué haría si fuera lindo.

Sucede que cuando yo era chico me miraba en el espejo y me decía: —Y bueno… hay gente a la que le toca ser linda y gente a la que le toca ser fea. Esto es lo que me tocó a mi —y eso más o menos me permitía seguir con mi infancia. Pero el asunto seguía existiendo: yo lo veía a Gustavo, mi vecino de enfrente y mejor amigo, y quería ser como él. Luego, en sexto grado a mi y dos compañeros nos apodaban “los superdotados” —porque no conocían la palabra nerd—, y durante el resto de la secundaria pertenecí al grupo de los aburridos antisociales que no salían a los boliches, que era lo que supuestamente todos los jóvenes teníamos que estar haciendo.

Me di cuenta de que lo mío no eran ni las fiestas —aunque salí durante algún tiempo en la adolescencia—, ni levantarme chicas, ni nada de eso que mis compañeros disfrutaban tanto. Yo era pésimo en todo eso. Aún lo soy. Pero hay otras cosas que disfruto más, y en las que soy bueno. No quiero comentarlas porque la verdad es que prefiero hablar mal de mi, y no bien.

El punto es que todo eso me hizo darle otro enfoque a mi vida. Si hubiese sido lindo probablemente hoy estaría preocupándome por alguna de las cosas que considero menos importantes. Mi vida sería seguramente todo lo opuesto a lo que es hoy. Estaría contento con mi imagen y nunca me tendría que preocupar por vivir todo el resto de mi vida solo. Habría pasado la mayor parte de mi juventud sufriendo por un amor adolescente. Y no habría aprendido a admirar a casi nadie. Seguramente no me interesaría aprender por el solo placer de aprender. Tendría un trabajo menos interesante, y estaría conforme con él. No me haría planteos ridículos como este. Ni tampoco me importaría ser mediocre.

Creo que sí: si fuese lindo sería una de las personas más aburridas que puedas conocer.

Publicado originalmente en Google+.

Adelgazarme hasta el Kindle

Me gustó mucho la columna de Pedro Mairal para Perfil: La mudanza analógica. Es un poco una reflexión sobre el papel de los libros (nunca mejor dicho) en las mudanzas. Este es el fragmento que hay que destacar:

A partir de ahora me quiero alivianar, adelgazarme hasta el Kindle, flotar, leer con el cerebro colgado en lo inmaterial y comparar on line libros que pasen como bits fantasmas a través de las paredes, por el aire, a través de las fronteras, por encima de las aduanas morenistas, sin aplastar, sin empujar para abajo, sin curvar estantes, ni marcar la alfombra, ni asfixiar la vida con el peso de la cultura occidental.

Me encantan los libros electrónicos, ¿ya lo dije?

Actualización 22/11/2011 23:36: Le comenté al Club del eBook via Twitter sobre esta columna, y hoy veo que han publicado un post al respecto, y me agradecen por hacérsela llegar. De nada.

Nombres

Hace unos días, en Rosario, sucedió algo raro. Delante mío iba caminando una chica, y con la mejor de las intenciones, yo la alcancé y le dije:

—Flaca, se te cayó algo.

La chica se detuvo, revisó de un vistazo las cosas que llevaba, y se dio cuenta de que tenía razón, algo se le había caído. Era un papel. Yo ya lo había juntado y se lo estaba dando en la mano. Cuando lo tomó confirmé mi sospecha: la tipa era hermosa. Seguimos caminando por la vereda de la plaza Pringles, hasta que llegamos al semáforo de peatones. Mientras esperábamos para poder cruzar la calle, ella me preguntó mi nombre.

—¿Mi nombre? Natán. Me llamo Natán —una sola palabra hubiera bastado para responderle, pero no.

—Gracias, Natán —me dijo, y volvió a mirar hacia adelante.

Los siguientes cinco segundos de silencio fueron algo incómodos, al menos para mí, que nunca sé cómo hablar con una chica. Estaba por preguntarle cómo se llamaba, pero ella siguió hablando:

—Es re lindo tu nombre. Yo me llamo Iris, y también me dicen que es lindo.

—¿Iris? Wow. Qué bien que suena. Sos la primera que conozco con ese nombre —no sé porqué habría de interesarle un dato estadístico sobre mi vida, pero a veces es lindo hacer sentir especial a la gente.

Ella me sonrió, y tenía una sonrisa hermosa. Yo le sonreí, también, con mi sonrisa fea. Hacía rato que podíamos haber cruzado la calle.

Una noche en el Bar Orsai

El sábado 27 de octubre estuve en el Bar Orsai, junto con Abby. Fue una de las tres noches inaugurales: la anterior había sido de dibujantes y esta era de narradores, así que había bastantes escritores dando vueltas.

Gente en el Bar Orsai

Gente en el Bar Orsai

Era un tema viajar hasta Buenos Aires en medio de estas fechas complicadas, pero quería hacerlo. Uno de los motivos era saludar a Hernán, así que cuando lo vimos más o menos libre nos acercamos y charlamos unos minutos con él. Me gustó conocerlo, porque soy lector de su blog, Orsai, y también he leído algún libro suyo. Además fui a ver Más respeto que soy tu madre, la obra de teatro que Gasalla adaptó de uno de sus libros, y bueno, ni hablar de la revista Orsai, de la que ya he hablado varias veces en este blog. Es decir, me parece un tipo muy admirable.

Abby y yo con Hernán Casciari

Abby y yo con Hernán Casciari

La foto de arriba nos la tomó Pedro Mairal (de paso, acabo de crear su artículo en Wikipedia para poder linkearlo), con quien también tuvimos la oportunidad de charlar unos momentos. Le dije a Mairal que su texto, Un mail, que sale en la Orsai #1, me había parecido el mejor que se haya publicado en todas las Orsai hasta el momento, pero que más allá de eso no sabía qué más había escrito. Se lo dije un poco en broma, pero era cierto. Después, cuando volvimos a nuestra mesa, revisé su biografía y vi que es un monstruo ;)

Sin dudas uno de los mejores momentos lo pasamos también charlando con Ana Prieto, José Playo y Guido Carelli, que publicaron respectivamente los textos Deconstruyendo a HarryPersonajes imaginarios en la Orsai #3 y Celosos digitales en la #4. Resultaron ser gente muy divertida, sobre todo el cordobés Playo, que tipea en Peinate que viene gente, y parece tener la jocosidad en la sangre. Así que sí, nos reímos un buen rato con ellos. También vimos que andaban por ahí Caro Aguirre, Alejandro Seselovsky y Horacio Altuna, y nos acercamos a saludarlos. Y charlamos también sobre traducción con Xtian, que tradujo el cuento de Hornby en la #1 y publicó además en la #4.

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Lo más lindo probablemente haya sido charlar con todos ellos sin sentir que nadie se las daba de nada. Charlábamos de igual a igual, y parecíamos todos amigos. Había mucha gente como nosotros, que fuimos a pasar un buen momento, y era muy lindo ver que todos los que estábamos ahí teníamos en común el sentirnos parte de un proyecto hermoso, que es puramente literatura y buenas intenciones. La verdad es que la pasé mucho mejor de lo que esperaba, así que espero volver a andar por ahí cuando tenga la oportunidad.

Enlaces: Twitter del Bar Orsai | Mis fotosCrónica de José Playo | Crónica de @AbbyFerrari

Update: Hernán Casciari comenta cómo la pasó y da un notición. De paso, también hace un comentario sobre esta y otras crónicas :)

Monólogo: Soy Comic Sans, idiota.

Entra una Comic Sans en un bar y el camarero le dice: “Aquí no servimos a tipos como tu”.

Todos queremos que desaparezca Comic Sans, pero como dice Wikipedia, su uso es ubicuo. O en otras palabras, está en todos lados. En carteles, sitios web, apuntes, etc. Incluso hay gente que la usa como tipografía por defecto de Windows, cosa que no entiendo.

Por eso me pareció muy gracioso este monólogo escrito desde el punto de vista de Comic Sans, y decidí traducirlo para quienes no puedan leerlo en inglés. También se hizo un video en base al texto, que puede verse siguiendo este enlace.

Soy Comic Sans, idiota

Escúchame. Se lo que estuviste diciendo a mis espaldas. Crees que soy estúpida. Crees que soy inmadura. Crees que para ser una tipografía dejo mucho que desear. Pero piénsalo de nuevo, idiota, porque soy Comic Sans, y soy lo mejor que le pasó al mundo de las tipografías desde el puto Johannes Gutenberg.

¿No te gusta que tu compañera de trabajo me haya usado en esa notita pidiendo que no se roben su yogur de la heladera? ¿No te gusta que esté en todo el blog de tu cuñada? ¿No te gusta que esté en el cartel del restaurante tailandés? ¿Crees que soy vulgar y de mal gusto? Adivina qué, Picasso: no todos tenemos setenta y tres tamaños distintos de Helvetica en nuestras MacBook Pro de diecisiete pulgadas. Perdón, pero no todo en el mundo puede hacerse con eurobasura sueca. Perdón, pero a algunos nos gusta divertirnos. Perdón por entrometerme en tu fiestita fascista de bauhausianos minimalistas. Quizás deberías quitarte el suéter negro algún día, dejar de acomodar compulsivamente el diseño de tu Tumblr, y entenderlo de una puta vez.

La gente me adora. ¿Por qué? Porque soy divertida. Soy el alma de la fiesta. Le quito peso a cualquier situación. ¿Necesitas que las reglas de uso del baño no suenen tan duras? ¡BUM! Ahí estoy yo. ¿Quieres que las instrucciones para llegar a tu fiesta de graduación se vean más entretenidas? ¡BAM! Yo de nuevo. ¿Necesitas que el sitio web de tu empresa transmita lo divertido y accesible que eres? ¡PUM! Como las flores en la puta primavera.

Cuando la gente necesita relajarse, divertirse, y pasarla bien, allí estaré, a diferencia de tus patéticas tipografías. Mientras que Gotham está en la feria de ciencias, yo estoy acostándome con la reina del baile. Mientras que Avenir está practicando clarinete, yo estoy desgastando mi Stratocaster de doble mástil tocando “Reign in Blood”. Mientras Univers está volviendo a completar sus recetas médicas para la alergia, yo estoy corriendo una carrera en mi Honda Civic contra gangsters de Tokyo que me van a matar si no termino en primer lugar. Soy un Superman sin serif y mi única kriptonita son los aguafiestas pretenciosos como tu.

Ni siquiera importa lo que pienses. ¿Y sabes por qué, idiota? Porque soy famosa. Estoy en todos los sistemas operativos más importantes gracias al puto Bob de Microsoft. Estoy en tus notificaciones. Estoy en tu navegador. Estoy en tus mensajeros instantáneos. No soy solo una tipografía. Soy una fuerza de la puta naturaleza y no voy a descansar hasta que cada diseñador de tipografías con cara de idiota como tu esté rodeado por mi adorable rudeza sin serif inspirada en historietas.

Basta de estupideces. Me voy a emborrachar con Papyrus.

Enlace: Monólogo original en inglés | Video

Cómo ser un escritor, por Anne Lamott

Anne Lamott

Me encontré con esta columna de Anne Lamott y pensé que sería lindo traducirla al castellano. No le escribí a Anne para pedirle permiso (tampoco encontré su mail), pero asumo que no será un problema.

Cómo ser un escritor

La semana que viene voy a hablar en una conferencia de escritura, y se supone que debo darle una charla alentadora a los escritores desahuciados. Pero la esperanza con la que se va la mayoría de los estudiantes de estas conferencias es una esperanza tóxica, porque los alimenta de mentiras; que serán publicados, que el éxito del mundo editorial mejora la vida de la mayoría de la gente, que miles de escritores independientes están ganando muy bien. Asi que creo que esta vez no puedo escribir mi discurso: me haría sentir baja. No puedo dejar de imaginar a Holden Caulfield en el podio, o a Peter Finch en Network dando el discurso de apertura. Creo que prefiero quedar como una persona malhumorada y delirante, como una profeta del Antiguo Testamento con síndrome premenstrual, antes que confabular con el gran palacio de mentiras que son casi todas las conferencias de escritura.

Pero necesito encontrar algo que decir. Podría distraerlos con un análisis animado de mis problemas personales durante un buen rato. Esta es la cuestión, según yo la veo: he enseñado por una docena de años y me he encontrado con que muy pocos estudiantes realmente quieren escribir. Quieren ser publicados, quieren ser famosos, pero no escribir. Lo ven como el gran pelo en la sopa. Es como si dijeran “por favor, no me molestes”. Así que la mayoría de la gente no viene a estas conferencias para escuchar a los escritores hablar sobre cómo la escritura puede enseñarte a prestar más atención y abrir tu corazón, ayudarte a tomar conciencia del sufrimiento humano y de hecho, aprender a ser parte de la solución. Cuando dices cosas como estas, te miran como si estuvieran pensando “MUCHAS gracias por compartir tu experiencia, pero una AGENTE que está aquí dice que quiere ver mi NOVELA… imbécil paternalista”.

Si en lugar de hablar del éxito de escribir hablas sobre el proceso y viaje de hacerlo, te ganas una reputación. Un grupo muy entusiasta de más o menos diez personas asistirá a alguna de tus charlas. Serán los más raros, los especiales. Y tomarán notas a mano en letras pequeñas y crípticas como las del manifiesto Unabomber. Pero cuando los editores y agentes dan una charla sobre márgenes de ganancia o cartas de solicitud, los 250 estudiantes asisten.

Siempre termino con una sensación de culpa en las conferencias de escritura porque se que la mayoría de los asistentes no conseguirán ser publicados, y nadie parece querer decírselos. He escuchado que solo el uno porciento de los escritores que asisten consigue que le publiquen un libro. ¡El uno porciento!

Además, creen que si consiguen ser publicados tendrán asegurada una vida maravillosa. Resultará que son personas muy valorables y desde entonces tendrán muchísimo dinero, y gente genial como Ethan Hawke los visitará todo el tiempo. Pero eso es mentira. Ser un autor publicado los hará desear VOLVER a ser tan enfermos mentales como lo son ahora. Veran sus niveles de duda, obsesión y autodesprecio como los viejos buenos tiempos. Honestamente.

Escribir todos los días, practicar, mejorar, intentar dar esperanza o luz a la gente o al menos hacerla reir, es una forma estupenda de pasar el resto de tu vida. Para un escritor, es ahí donde está el verdadero tesoro. Pero la gente en las conferencias de escritura me escucha decir cosas como esta, y comienza a ponerse hostil y ansiosa porque creen que les voy a hacer perder la conferencia sobre márgenes de ganancia.

Una de mis mejores amigas acaba de publicar su segunda novela. Obtuvo algunas críticas maravillosas, y vendió alrededor de 20 copias. Es una escritora genial. Esto es lo que dijo hace unos días: “Publicar un libro es como ser una niñita vestida para la fiesta con tu mejor vestido y tus zapatos negros más brillantes, completamente ansiosa y emocionada. Y luego golpear la puerta donde crees que es la fiesta, solo para descubrir que allí no hay ninguna fiesta.

“Pero DIOS; amo ser escritora”.

Asi que, realmente creo que toda la gente que asiste a las conferencias de escritura debería dedicarse a escribir por el resto de sus vidas. Pero también quiero recordarles el viejo chiste del león que está balanceando un ratoncito frente a sus ojos, y se burla de él diciendo “Eres la criatura mas debil y patética que he visto”. Y el ratón mueve su cabeza y le responde “Es que he estado enfermo”.

Algunas de las personas más degradadas que conozco son escritores cuyos libros fueron publicados, y no tuvieron éxito. Yo fui uno de ellos. Fui uno de los que tuvieron la suerte de poder intentar escribir otro libro, y la escritura —disciplina, prestar atención, preocuparse— me salvó. Hasta la próxima.

Con cinco libros en mi carrera, finalmente comencé a cobrar decentemente. Ahora me está yendo bien. La pequeña Annie por fin está feliz.

Así que creo que la semana que viene voy a decir el siguiente discurso: Date por vencido (así comenzaré). Vuelve a tu casa, cria tus hijos, vacuna tus mascotas. Y termina tu trabajo diario. No hay nada para ti aquí. O en todo caso, lo que estás buscando no se encuentra en este lugar. Varios de estos agentes y editores están haciéndote creer que están desesperados por leer tus novelas, porque saben lo mucho que deseas ser publicado. Pero conozco una agente local que está recibiendo 100 obras no solicitados por semana. Va a las conferencias y aparenta estar ansiosa por que le envíes tus textos. No lo está. Te está subestimando. No puede evitarlo, es una AGENTE. Y se está tomando unas lindas vacaciones en esta conferencia, entre tanta belleza natural.

Por lo tanto escucha a los agentes y editores si quieres, pero no dejes que te hagan sentir como un perrito necesitado.

Ellos no tienen nada que tu necesites. Y la verdad es que probablemente tu tampoco tengas nada de lo que ellos necesitan. Hay una buena chance de que el material en el que estuviste trabajando durante tanto tiempo no sea algo que ellos quieran o puedan vender, ni algo que te vaya a convertir en un escritor interesante ni famoso como Amy Tan.

No estoy tratando de decir que no tienes talento… espera, quizás sí estoy diciendo eso. Dejame pensarlo un segundo: sí. Eso es lo que realmente estoy diciendo. Es muy posible que no tengas un gran talento. Para mi eso no sería un problema. ¡Escribe de todos modos! Pero apuesto —y esta es solo una suposición— a que es un problema para ti. Se que desesas desesperadamente que uno de nosotros, los profesores, lea tu obra y se apresure a encontrar un fax para enviarle las primeras 20 páginas de tu novela a Sonny Mehta antes de las conferencias de ventas. Pero Sonny Mehta no las quiere. No me lo dijo personalmente, pero se que es así, porque he leído algunas de sus páginas y ni siquiera yo las quiero; yo, que soy una cristiana profundamente codependiente. Creeme: si yo no las quiero, Sonny Mehta tampoco.

Deberías trabajar en tus novelas igualmente. Hay pocas mejores maneras de vivir la vida. Y todo lo demás —agentes, publicación, ventas— es carrera de ratas (N.d.T.: en inglés, “carrera de ratas” se refiere al estilo de vida acelerada y competitiva), y como dijo Lily Tomlin, el problema con triunfar en una carrera de ratas es que sigues siendo una rata.

¡No quieres ser una rata! Así que no seas obsecuente con los agentes y los editores. Este es el mejor consejo que puedo darte: lee el libro de Ezequiel en cambio. Confía en mi. Lee sobre cómo anduvo sobre los huesos secos de gente que se había rendido, que no tenía vida ni esperanza; hasta que, por la presencia de Ezequiel, volvieron a respirar, y volvieron a la vida. El mensaje es, ten corazón, no te asustes: el espíritu nos revive. Gente fue hecha completamente de nuevo por un suspiro, gracias a la brisa de la atención. Eso es increíble. Encuentra una comunidad de escritores a la cuál puedas pertenecer, que lea tus cosas y te ayude a mejorar. Quizás tu puedas alentarlos a seguir escribiendo, a la vez que ellos te alientan a ti. Y presta más atención a la vida. Haz tu trabajo lo mejor que puedas cada día. Sé la brisa.

Escribir

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

Oscar Wilde

Aunque parezca simplista, esta es una frase muy inspiradora. Y me gustó porque últimamente estoy intentando mejorar mi escritura. Más que nada porque creo que un traductor también debe poder considerarse a sí mismo un escritor. Seguramente, por mi perfil, termine traduciendo textos técnicos sobre informática o programación. Pero espero poder realizar traducciones literarias en un futuro, al menos, a modo de hobby. Además, probablemente en algún punto de mi vida también me proponga escribir un libro. Yo creo que cualquiera puede hacerlo. Lo difícil, claro, es escribir un buen libro.