I think

I think

I believe that I think too much. I think of the things I’ve done, the things I’m doing, and the things I’ll do some day. Sometimes, I think I’m right, and sometimes I think I’m just getting it all wrong. I think about where I’ll go when I die. And sometimes, I think I’m a good person. I think of God, life and time. I think, sometimes, that I’m alone, when I’m not. I think of you, stranger. I also think a lot about her, and how beautiful she is. I think of how far she is from me. I think about the people in my life, and their stories. I think about the decisions I’ve taken. I think my life would be easier If I didn’t think. Sometimes, like tonight, I think that I think too much.

Pienso

Creo que pienso demasiado. Pienso en las cosas que hice, las cosas que estoy haciendo, y las cosas que voy a hacer algún día. A veces, pienso que tengo razón, y otras que estoy completamente equivocado. Pienso a dónde voy a ir cuando muera. Y a veces, pienso que soy una buena persona. Pienso en Dios, la vida y el tiempo. Pienso, a veces, que estoy solo, cuando no lo estoy. Pienso en vos. También pienso mucho en ella, y lo hermosa que es. Pienso en lo lejos que está de mi. Pienso en la gente de mi vida, y sus historias. Pienso en las decisiones que tomé. Pienso que mi vida sería más fácil si no pensara tanto. Algunas veces, como esta noche, pienso que pienso demasiado.

Debería

Debería

Te estás durmiendo, en la oficina, frente a la computadora. Tu día de trabajo se convirtió en un infierno de horas, minutos y segundos interminables. Mantenés tus manos sobre el teclado, fingiendo trabajar, pero la verdad es que ni siquiera sabés qué estás mirando en la pantalla.

Comenzás a cabecear de sueño. —Ahí está mi jefe —pensás. Sería un problema si te viera en este estado. —¡Tengo que despertarme! —pero no podés simplemente hacerlo, y cabeceás nuevamente. Solo pasaron cinco minutos y eso es lo peor de todo. Necesitás que el tiempo pase más rápido si querés sobrevivir esta mañana. —Necesito distraerme —te das cuenta.

Ahora estás saliendo de la oficina. Te dirigís hacia el baño, donde te vas a refrescar un poco, pero en el camino escuchas que alguien te dice algo. Es la recepcionista, y te gusta hablar con ella, así que decidís quedarte ahí. Tenés tanto sueño que todo lo que dice te parece gracioso y entretenido.

Después de algún tiempo volvés a la oficina y te sentás en tu silla. —Debieron pasar al menos dos horas —pensás. Pero miras el reloj en la esquina de la pantalla, y ves que solo fueron treinta minutos. —¡Mierda! Debería haber dormido anoche —admitís—. Debería haber dormido.

Publicado por primera vez en Google+ el 19/10/2011.

I should

You’re falling asleep, in the office, right in front of your computer. Workday has turned into a hell of slow hours, minutes and seconds. You keep your hands on the keyboard, pretending to be doing some work, but the truth is you don’t even know what you’re looking at on the screen.

Your head begins to nod. “There’s my boss,” you think. It would be a real problem if he saw you like this. “I have to awaken myself!” but you can’t just do it, and here comes another nod. It’s been only five minutes and that’s the worst of it all. You need time to be faster than this, or you won’t make it through the rest of the morning. “I need to distract myself,” you realize.

Now you’re walking out of the office. You’re headed to the bathroom, where you’ll freshen yourself up, but on your way you hear someone talks to you. It’s the receptionist, and you kinda like talking to her, so you decide to stay there. You’re so sleepy that you find everything she says funny and amusing.

After some time you get back to the office and sit on your chair. “Those must’ve been at least two hours,” you wish. But you stare at the watch on the lower right of the screen, and it says it was only half an hour. “Damn it! I should’ve slept last night,” you admit. “I should’ve slept.”

Published for the first time on Google+, on 13th October, 2011.

Si fuese lindo

En el Bar Orsai le compré a mi viejo un libro de Hernán Casciari titulado Charlas con mi hemisferio derecho. Cuando se lo llevé miré la solapa de atrás, donde la mayoría de los libros incluyen algo de información sobre otras publicaciones de la editorial, y vi que este tenía una transcripción de un diálogo en el que Hernán afirma que si fuera lindo no se dedicaría a escribir “ni en pedo”. Un poco en serio, un poco en broma, anuncian más abajo que van a publicar un libro titulado Antología hispanoamericana de escritores lindos.

Lógicamente es un diálogo cómico y dudo mucho que haya tenido lugar en la realidad, pero más allá de todo eso, me quedé pensando en el tema de las cosas a las que se dedica la gente linda.

Creo que es cierto: la gente linda no se preocupa por hacer nada. O al menos, muy poca gente linda lo hace. La gente más inteligente que he conocido en mi vida, la más interesante, de la que más he aprendido, o simplemente la que más garra le pone a lograr algo mientras estén vivos, ha resultado ser no del todo atractiva. (Salvo contadas excepciones.) Pero la gente linda, en cambio, parece sentir que tiene todo resuelto. Y quizás, de cierta manera, estén en lo cierto.

Claro que todo esto es así según mi juicio. ¿Quién soy yo para decir quién es inteligente, interesante, lindo, etc? Nadie. La belleza. como todos sabemos, es subjetiva. Quería hacer esta aclaración para evitar que alguien salte a explicármelo, y que en cambio entienda estos párrafos como lo que son: una reflexión nocturna de alguien que tendría que estar durmiendo, y en cambio está pensando en qué haría si fuera lindo.

Sucede que cuando yo era chico me miraba en el espejo y me decía: —Y bueno… hay gente a la que le toca ser linda y gente a la que le toca ser fea. Esto es lo que me tocó a mi —y eso más o menos me permitía seguir con mi infancia. Pero el asunto seguía existiendo: yo lo veía a Gustavo, mi vecino de enfrente y mejor amigo, y quería ser como él. Luego, en sexto grado a mi y dos compañeros nos apodaban “los superdotados” —porque no conocían la palabra nerd—, y durante el resto de la secundaria pertenecí al grupo de los aburridos antisociales que no salían a los boliches, que era lo que supuestamente todos los jóvenes teníamos que estar haciendo.

Me di cuenta de que lo mío no eran ni las fiestas —aunque salí durante algún tiempo en la adolescencia—, ni levantarme chicas, ni nada de eso que mis compañeros disfrutaban tanto. Yo era pésimo en todo eso. Aún lo soy. Pero hay otras cosas que disfruto más, y en las que soy bueno. No quiero comentarlas porque la verdad es que prefiero hablar mal de mi, y no bien.

El punto es que todo eso me hizo darle otro enfoque a mi vida. Si hubiese sido lindo probablemente hoy estaría preocupándome por alguna de las cosas que considero menos importantes. Mi vida sería seguramente todo lo opuesto a lo que es hoy. Estaría contento con mi imagen y nunca me tendría que preocupar por vivir todo el resto de mi vida solo. Habría pasado la mayor parte de mi juventud sufriendo por un amor adolescente. Y no habría aprendido a admirar a casi nadie. Seguramente no me interesaría aprender por el solo placer de aprender. Tendría un trabajo menos interesante, y estaría conforme con él. No me haría planteos ridículos como este. Ni tampoco me importaría ser mediocre.

Creo que sí: si fuese lindo sería una de las personas más aburridas que puedas conocer.

Publicado originalmente en Google+.

Adelgazarme hasta el Kindle

Me gustó mucho la columna de Pedro Mairal para Perfil: La mudanza analógica. Es un poco una reflexión sobre el papel de los libros (nunca mejor dicho) en las mudanzas. Este es el fragmento que hay que destacar:

A partir de ahora me quiero alivianar, adelgazarme hasta el Kindle, flotar, leer con el cerebro colgado en lo inmaterial y comparar on line libros que pasen como bits fantasmas a través de las paredes, por el aire, a través de las fronteras, por encima de las aduanas morenistas, sin aplastar, sin empujar para abajo, sin curvar estantes, ni marcar la alfombra, ni asfixiar la vida con el peso de la cultura occidental.

Me encantan los libros electrónicos, ¿ya lo dije?

Actualización 22/11/2011 23:36: Le comenté al Club del eBook via Twitter sobre esta columna, y hoy veo que han publicado un post al respecto, y me agradecen por hacérsela llegar. De nada.

Nombres

Hace unos días, en Rosario, sucedió algo raro. Delante mío iba caminando una chica, y con la mejor de las intenciones, yo la alcancé y le dije:

—Flaca, se te cayó algo.

La chica se detuvo, revisó de un vistazo las cosas que llevaba, y se dio cuenta de que tenía razón, algo se le había caído. Era un papel. Yo ya lo había juntado y se lo estaba dando en la mano. Cuando lo tomó confirmé mi sospecha: la tipa era hermosa. Seguimos caminando por la vereda de la plaza Pringles, hasta que llegamos al semáforo de peatones. Mientras esperábamos para poder cruzar la calle, ella me preguntó mi nombre.

—¿Mi nombre? Natán. Me llamo Natán —una sola palabra hubiera bastado para responderle, pero no.

—Gracias, Natán —me dijo, y volvió a mirar hacia adelante.

Los siguientes cinco segundos de silencio fueron algo incómodos, al menos para mí, que nunca sé cómo hablar con una chica. Estaba por preguntarle cómo se llamaba, pero ella siguió hablando:

—Es re lindo tu nombre. Yo me llamo Iris, y también me dicen que es lindo.

—¿Iris? Wow. Qué bien que suena. Sos la primera que conozco con ese nombre —no sé porqué habría de interesarle un dato estadístico sobre mi vida, pero a veces es lindo hacer sentir especial a la gente.

Ella me sonrió, y tenía una sonrisa hermosa. Yo le sonreí, también, con mi sonrisa fea. Hacía rato que podíamos haber cruzado la calle.

Una noche en el Bar Orsai

El sábado 27 de octubre estuve en el Bar Orsai, junto con Abby. Fue una de las tres noches inaugurales: la anterior había sido de dibujantes y esta era de narradores, así que había bastantes escritores dando vueltas.

Gente en el Bar Orsai

Gente en el Bar Orsai

Era un tema viajar hasta Buenos Aires en medio de estas fechas complicadas, pero quería hacerlo. Uno de los motivos era saludar a Hernán, así que cuando lo vimos más o menos libre nos acercamos y charlamos unos minutos con él. Me gustó conocerlo, porque soy lector de su blog, Orsai, y también he leído algún libro suyo. Además fui a ver Más respeto que soy tu madre, la obra de teatro que Gasalla adaptó de uno de sus libros, y bueno, ni hablar de la revista Orsai, de la que ya he hablado varias veces en este blog. Es decir, me parece un tipo muy admirable.

Abby y yo con Hernán Casciari

Abby y yo con Hernán Casciari

La foto de arriba nos la tomó Pedro Mairal (de paso, acabo de crear su artículo en Wikipedia para poder linkearlo), con quien también tuvimos la oportunidad de charlar unos momentos. Le dije a Mairal que su texto, Un mail, que sale en la Orsai #1, me había parecido el mejor que se haya publicado en todas las Orsai hasta el momento, pero que más allá de eso no sabía qué más había escrito. Se lo dije un poco en broma, pero era cierto. Después, cuando volvimos a nuestra mesa, revisé su biografía y vi que es un monstruo ;)

Sin dudas uno de los mejores momentos lo pasamos también charlando con Ana Prieto, José Playo y Guido Carelli, que publicaron respectivamente los textos Deconstruyendo a HarryPersonajes imaginarios en la Orsai #3 y Celosos digitales en la #4. Resultaron ser gente muy divertida, sobre todo el cordobés Playo, que tipea en Peinate que viene gente, y parece tener la jocosidad en la sangre. Así que sí, nos reímos un buen rato con ellos. También vimos que andaban por ahí Caro Aguirre, Alejandro Seselovsky y Horacio Altuna, y nos acercamos a saludarlos. Y charlamos también sobre traducción con Xtian, que tradujo el cuento de Hornby en la #1 y publicó además en la #4.

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Hernán nos daba la bienvenida al Bar Orsai

Lo más lindo probablemente haya sido charlar con todos ellos sin sentir que nadie se las daba de nada. Charlábamos de igual a igual, y parecíamos todos amigos. Había mucha gente como nosotros, que fuimos a pasar un buen momento, y era muy lindo ver que todos los que estábamos ahí teníamos en común el sentirnos parte de un proyecto hermoso, que es puramente literatura y buenas intenciones. La verdad es que la pasé mucho mejor de lo que esperaba, así que espero volver a andar por ahí cuando tenga la oportunidad.

Enlaces: Twitter del Bar Orsai | Mis fotosCrónica de José Playo | Crónica de @AbbyFerrari

Update: Hernán Casciari comenta cómo la pasó y da un notición. De paso, también hace un comentario sobre esta y otras crónicas :)